Milla de Oro, Hato Rey PR

 

El movimiento Ocupa Puerto Rico comenzó en octubre del 2011 junto a la oleada global  de asentamientos ocupas que se establecieron durante el otoño pasado. El eje del movimiento es denunciar la influencia nociva de intereses adinerados sobre las vidas cotidianas del 99% de la población. Desde que se re-apropiaron de un desolado parque al costado de la Milla de oro en Hato Rey, el movimiento a sufrido las inevitables altas y bajas de cualquier movimiento incipiente. En el campo minado de la política puertorriqueña siempre sera visto con sospecha un movimiento social y político nuevo, especialmente si no toma partido claro y exclusivo en la obsesión nacional con el estatus. Pero a pesar del escepticismo de aquellos que ven el movimiento ocupa como una simple moda gringa; o el cinismo que informa la reacción inicial de algunos observadores, los ocupantes de la Milla de oro han logrado adueñarse de manera creativa de un espacio desde donde intentan ensayar nuevas formas de hacer política.

 

 

El campamento

El parque comunitario José Gandara queda cercado por la avenida Roosevelt, el Tren urbano y la urbanización Baldrich. El espacio fue donado a la comunidad con la intención de que sirviera de espacio público de esparcimiento y recreación comunitaria. Víctima del abandono municipal, el mal diseño y la cercanía del centro comercial Plaza las Américas, el parque había quedado en relativo desuso a pesar de los visibles intentos fallidos por revitalizarlo. Desde que los ocupantes de la Milla de Oro [la zona financiera de San Juan] establecieron su campamento, el parque pasó de ser un lugar en el limbo a un espacio lleno de efervescencia. El alzamiento de casetas que acompaño la segunda Asamblea General celebrada el 15 de octubre, hizo que los futuros ocupantes confrontaran la magnitud del deterioro del parque. Si pensamos que el pantano sobre el que se erigió Hato Rey [condado dentro del que se encuentra la milla de oro] resucita con cada aguacero, inundando amplios segmentos del parque y añadimos a ello la falta de iluminación, agua potable y baños públicos, de repente, uno comienza a percatarse de la enormidad de la tarea que enfrentaban.

Fotgrafia por Stephanie Segarra

Habilitar el parque para hospedar a más de 30 personas fue sólo el principio. En cuestión de una pocas semanas, y gracias a la colaboración de activistas como los Amigos del Mar pudieron armar estructuras alzadas sobre la tierra con materiales reciclados. Estos espacios se transformaron en una cocina, una sala de reunión,  una caseta de medios y un inodoro compostable. Ya hacia mediados de diciembre el campamento contaba con luz, ducha, y una potente antena de Internet inalámbrico. Luego del primer mes del campamento, los tiestos vacíos de concreto vibraban con señales de vida; unos coloridos mosaicos de loza y objetos encontrados adornaban los cercos y se creo un huerto alimentario en medio del parque.

Huerto-OcupaEl huerto sirvió como un importante catalítico para establecer relaciones con la comunidad de Baldrich (incluyendo a los restaurantes vecinos con los que compartían su cosecha). Además funciona como modelo para re-pensar la manera en que utilizamos los parques comunitarios más allá del esparcimiento estético y el mero deporte. El huerto-ocupa obliga al transeúnte a reflexionar sobre la escasez de productos alimenticios producidos localmente, a pesar de los beneficios económicos y ecológicos de incentivar modelos de perma-cultivos en el país (cerca de 90% de los alimentos consumidos en Puerto Rico son importados).

 

Acciones Directas

El parque ha servido como escenario para idear y ensayar varias acciones directas: desde marchas en espacios inesperados como Plaza las Américas o los muelles del Viejo San Juan, hasta vomitadas en la recién inaugurada tienda de Victoria Secret. Desde allí se lanzaron diversas campañas denunciando las prácticas abusivas de la compañía Monsanto, la comercialización de las Fiestas de la calle San Sebastián, el despilfarro de fondos públicos o la quema de documentos públicos en edificios gubernamentales abandonados. El elemento unificador de estas variadas campañas fue el uso de tácticas nuevas de visibilidad y utilización del media.

Fotografia por Carmelo Reyes

Un notable ejemplo de estas acciones concertadas fue el alzamiento de una pancarta sobre la cede del Banco Popular en una madrugada de noviembre.  Jugando con la propia campaña publicitaria creada por BPPR (de evidente tono paternalista), la pancarta lee: “Yo me comprometo a OCUPAR a Puerto Rico”. La acción de ocupar la fachada de la institución bancaria más grande de Puerto Rico es sin duda un acto principalmente simbólico ya que denuncia como, a consecuencia de la crisis económica que ayudó a crear, el Banco Popular ha ido quedándose con un segmento cada vez mayor del mercado de la banca comercial en la Isla. Si consideramos que el Banco Popular pretende actuar además como compás moral y custodio cultural de la puertorriqueñidad (a través de sus especiales navideños), no debemos subestimar la fuerza creativa que pueden detonar estos “pequeños” actos simbólicos. De esta acción,  y su consecuente efecto viral en el internet con el video documentado, surgieron campañas de derechos de consumidores denunciando las prácticas de  monopolio y de cargos escondidos en los retiros de ATH (sistema de retiro de efectivo perteneciente a Popular, Inc.).

Si bien el movimiento ocupa en Puerto Rico no a logrado capturar el masivo momentum otoñal de otras ocupaciones globales, su selección de blancos y su original repertorio táctico refleja el espíritu emprendedor y creativo del movimiento. Obviando mucho de los escollos que históricamente han limitado a la izquierda, pero a la misma vez nutriéndose de las mejores prácticas de movimientos de resistencia tanto en Puerto Rico, como en el resto del mundo, una nueva generación de mentes libres comúnmente pensadas como apáticas y despolitizadas, nos muestran con sus esfuerzo que no sólo otro mundo es posible, pero incluso que puede comenzar a crearse en un pantanoso parque en medio de Hato Rey.