El texto a continuación ha sido adaptado de la conferencia “Ampliando la conversación; Indignación e hiperconectividad en el movimiento Occupy” presentada en el 3er Encuentro de investigación, gestión y creación de la Asociación Puertorriqueña de Programas Académicos de Comunicación (APPAC) en Puerto Rico el pasado 13 de septiembre. Gracias totales a APPAC por la invitación a ser parte de este evento.

 

El título de esta conferencia se refiere a una frase que se utiliza frecuentemente al describir los logros de los movimientos Occupy. Parecería algo clichosa a estas alturas, pero me interesa hablar sobre algunas de las maneras reales y concretas en que Occupy y otros movimientos similares alrededor del mundo han alterado no sólo los temas de conversación sino la manera en que conversamos e interactuamos. Este repensar de las dinámicas de la comunicación, tanto en la calle como en el Internet, me parece uno de los legados más significativos de este despertar político de los últimos años. Confío en que será parte del lenguaje y las herramientas de lucha que cargaremos por años, en otras batallas y otros espacios de nuestras vidas.

La red de comunicaciones que ha ido construyendo el movimiento Occupy a lo largo de este año es realmente demasiado amplia como para describir en toda su complejidad. Combina un sinnúmero de nuevas plataformas por Internet, incluyendo herramientas e infraestructura para uso interno y cuentas en redes sociales pre-existentes, con una recuperación de los espacios públicos y medios análogos para revivir el diálogo, el compartir y otros elementos fundamentales de la interacción humana. La mayor parte de estos elementos han sido creados de manera autónoma por individuos o colectivos que han ido identificando necesidades y oportunidades para expandir el diálogo. De esta manera descentralizada, se han multiplicado y diversificado los mensajes y los medios, abriendo espacio para una mayor cantidad de voces.

 

 

La asamblea general

La estructura de la asamblea general es uno de los pilares fundacionales de Occupy, y ciertamente de otros movimientos como el 15M en España, y repercute mucho más allá de las decisiones que tome o los temas específicos que discuta. Su aportación más importante es alterar la manera en que los participantes se relacionan entre ellos y la discusión. La horizontalidad propone que nos relacionemos a través de formas no jerárquicas de comunicación. En vez de haber un liderazgo en control del proceso, existen facilitadores imparciales cuyo propósito es organizar la conversación y explicar los procesos de consenso y democracia directa. En vez de votar sobre las cosas y dejar que la mayoría tome las decisiones, las propuestas se van desarrollando a través de la discusión, y se escuchan los bloqueos, dudas y ‘enmiendas amigables’ en búsqueda de un consenso.

Esto no significa que siempre esté todo el mundo de acuerdo, sino que es realmente un voto de confianza sobre las capacidades de los participantes para repensar sus objeciones, entenderse como parte de un colectivo y negociar los propósitos comunes con las ideologías personales, re-evaluar los méritos de lo propuesto y de lo objetable y finalmente decidir si se está entorpeciendo el proceso o si se tienen preocupaciones serias que deban ser incorporadas dentro de la propuesta.

La horizontalidad no es una práctica perfecta ni un modelo aplicable a cualquier foro, pero es una alternativa a las relaciones sociales predominantes que busca desarrollar una política afectiva, basada en la confianza. No es una ideología ni un programa político que resulta en una nueva sociedad, sino una ruptura con las formas tradicionales de representación y organización. No está exento de líderes, sino que exige un liderazgo compartido por todos, buscando incluir voces diversas cuyas perspectivas, intereses y experiencias se complementen.

El término horizontalidad se populariza en Argentina durante la crisis económica de 2001, cuando colapsan los bancos y el gobierno, y la ciudadanía se encuentra en las calles, buscando modelos sustentables que les permitieran tomar sus propias decisiones, administrar sus comunidades, proveer servicios básicos, intercambiar bienes y productos, y encontrar soluciones en conjunto. Como escribe Marina Sitrin, quien ha estudiado la horizontalidad en movimientos sociales latinoamericanos y ha sido partícipe de Occupy Wall Street desde sus reuniones de planificación, “Las relaciones sociales siguen estando profundamente afectadas por el capitalismo y la jerarquía, y por tanto por las dinámicas de poder que promueven en espacios colectivos y creativos, especialmente cómo la gente se relaciona en términos de recursos económicos, género, raza, acceso a información y experiencia. La horizontalidad tiene que ser entendida como un proceso social abierto, una búsqueda activa y no un objetivo final, pues vivir bajo el capitalismo hace que las relaciones de absoluta equidad sean imposibles.”

La asamblea general ha sido, desde el 17 de septiembre de 2011, el foro predilecto de Occupy para el intercambio de ideas, toma de decisiones y creación de proyectos. Por meses se hizo una diaria, primero en la plaza Zuccotti –renombrada Plaza de la Libertad- y luego por toda la ciudad, en ocupaciones temporeras, reuniones organizativas y otros eventos. Es una plataforma abierta donde intervienen todo tipo de personas, y donde se fomenta activamente la participación de voces que tradicionalmente han sido marginalizadas.

A continuación, algunas de las señales básicas utilizadas en la asamblea general. Las mismas son explicadas al principio de cada asamblea por un facilitador para asegurar que todos los participantes cuenten con un lenguaje común para expresarse durante la discusión.

Dedos arriba o “twinkles” – significa sí, estoy de acuerdo, me gusta, y es una alternativa amable al aplauso, porque no interrumpe a la persona que está hablando.

Dedos al medio – significa no estoy segura, me da lo mismo

Dedos abajo – significa no, no me gusta, estoy en desacuerdo, pero de una manera respetuosa, sin ser simplemente una manera de silenciar a la persona que está hablando

Manos giran en círculos – se utiliza cuando la persona hablando se ha extendido y queremos decirle ya, te entendemos, ve amarrando tu punto, necesitamos continuar

Punto de información – se utiliza cuando alguien tiene información que puede aclarar un tema que está siendo discutido, y la persona quiere brincar el orden de personas esperando a hablar para hacer la aclaración

Punto de proceso – se utiliza cuando alguien considera que el proceso de la asamblea general ha sido violado de alguna manera y que debe hacerse una rectificación

Bloqueo – esta es la más seria de las señales y debe utilizarse con rigor. Un  bloqueo significa que la persona utilizándolo está tan en desacuerdo con la propuesta que estaría lista para abandonar el movimiento si se llegara a aprobar. En Occupy, un bloqueo implica que se debe abrir una discusión sobre las preocupaciones de estas personas hasta que se pueda llegar a un acuerdo razonable que tome en cuenta esas diferencias y las personas decidan retirar el bloqueo.

“Mic check!”

Otra herramienta propagada por Occupy que altera significativamente la asamblea y las dinámicas generales de comunicación en el movimiento es el micrófono humano o micrófono del pueblo. En Nueva York, al igual que en muchas otras ciudades en Estados Unidos, se ha intentado reprimir o criminalizar la protesta creando procesos de permisología que limitan el uso de altoparlantes y controlan la capacidad de reunión en lugares públicos. Los organizadores originales de Occupy Wall Street, que se reunieron en las semanas antes del 17 de septiembre, decidieron desde temprano que no reconocerían estos procesos ni los validarían buscando autorización y pagando por lo que defienden como un derecho constitucional. La consecuencia más inmediata de esta decisión fue la falta de sistemas de amplificación de sonido, que en una asamblea de cientos de personas podría haber sido una gran limitación. De aquí nace el micrófono del pueblo, o micrófono humano, un sistema de repetición en el que todos nos hacemos responsables de amplificar las voces de los demás. Una persona habla, en intérvalos cortos, y los que están a su alrededor van repitiendo. Si hay demasiadas personas, se repite en olas, primero habla el individuo, luego las personas más cercanas, luego repiten las personas alrededor de esos y así sucesivamente.

 

El gesto, aunque sólo pretendía ser una solución a un problema logístico, ha desatado una serie de transformaciones profundas en el comportamiento de los interlocutores. La persona que habla debe respetar el colectivo a quienes les pide que lo amplifiquen, midiendo la importancia de sus contribuciones, tratando de ser breve y concisa, asegurándose de no repetir otras intervenciones y de estar contribuyendo una nueva perspectiva necesaria para el progreso de la conversación. Los demás deben escuchar de manera activa para poder repetir exactamente lo que se está diciendo, y deben amplificar las palabras de los demás aún cuando no estén de acuerdo con ellas. Las asambleas pueden extenderse y ser tediosas, pero requieren de una paciencia y concentración que terminan fortaleciendo los lazos entre el colectivo de participantes. Además, es un verdadero triunfo cuando se logra aprobar una gran decisión. El micrófono del pueblo también abre la puerta a una verdadera apropiación de las palabras y los mensajes de otros, internalizados por el grupo de una manera distinta al repetirlos y hacerse eco de los mismos. Esto ha sido particularmente cierto cuando recibimos la visita en la plaza de activistas o intelectuales notables, cuyas palabras repetíamos a la misma vez que íbamos aceptando el hecho de ser partícipes del momento histórico que intentaban ellos describir.

Dice Marina Sitrin en su libro Ocupar el lenguaje, escrito junto a Darío Azzellini, que “el retomar y redescubrir palabras y lenguaje es parte del mismo proceso de las personas al encontrar su propia voz con los nuevos usos de democracia directa. Al recuperar sus voces –voces que no tenían bajo formas representativas de democracia- se encuentran a sí mismos también.” La manifestación más clara del empoderamiento del individuo que desata la creación del micrófono del pueblo se da fuera de las asambleas generales, cuando se utiliza de manera improvisada en medio de congregaciones, marchas o acciones. Es una herramienta que trastoca por completo la manera en que tradicionalmente se determinaba qué voces resaltan en un grupo, fuera por la autoridad que otorga algún rango en una organización, por ser la persona a cargo del megáfono o el micrófono – o simplemente por ser el más bocón.

Ya sea en una situación de tensión para alertar de acciones de la policía, en una situación de confusión para entablar conversación sobre cuáles deberían ser los próximos pasos o para hacer algún anuncio, todo el mundo se siente capaz y empoderado a intervenir, a gritar ‘¡mic check!’ y que los que estén a su alrededor repitan su mensaje. Se validan e incluyen todas las voces, y sólo en casos de lenguaje violento u otro tipo de intervención objetable se van silenciando los ecos y el individuo hablando sabe que ha abusado de alguna manera de este pacto.

El “mic check” incluso se ha convertido en un modo de acción directa en sí mismo que se ha regado alrededor del mundo. En estos casos, su utilización es como mecanismo para interrumpir alguna situación con un mensaje de protesta sorpresivo. Karl Rove, Barack Obama, Donald Rumsfeld y muchos otros han sido confrontados con esta táctica durante sus discursos, y de igual forma se ha utilizado para interrumpir subastas de hogares reposeídos a familias víctimas de la crisis económica y en una asamblea del departamento de educación en Nueva York que fue ocupada por padres y maestros insatisfechos con las políticas educativas del alcalde Bloomberg.

 

Somos el 99%

Aunque no se sabe a ciencia cierta cómo nace esta consigna, lo cierto es que los movimientos Occupy la llevan utilizando desde sus comienzos, y ha sido uno de los mensajes más efectivos que han logrado viralizar alrededor del mundo, sin distinción de clases sociales y filosofías políticas. Lo poderoso de esta frase es que, al enmarcar el actual escenario político como una batalla entre el 99% y el 1%, haciendo alusión a la concentración de riquezas y poder en las manos de un porcentaje ínfimo de la población –aunque no sea realmente el 1%- revive nada más y nada menos que la conciencia de clase, un asunto que hasta hace muy poco era completamente tabú en los medios y la conversación política pública de Estados Unidos.

La frase ‘Somos el 99%’ fue promovida originalmente a través de iniciativas como una página de  Tumblr donde personas de todo el país compartían fotos de sí mismos aguantando carteles donde explicaban por qué ellos se consideran parte del 99%. La página ha publicado al día de hoy miles de fotos, contando historias de desempleo, falta de plan médico, pérdida de hogares, deudas impagables y diplomas inutilizados. La frase se ha arraigado de tal forma en el lenguaje y la discusión política del último año que hemos visto incluso, en repetidas ocasiones, a políticos tratando de apropiarse de ella. En uno de los casos más ridículos, por el candidato presidencial por el partido republicano Mitt Romney, conocido multimillonario a quien nadie le cree cuando se proclama parte del 99%. En otro caso increíble, por parte del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad en su discurso ante la más reciente asamblea general de las Naciones Unidas.

Este “rebranding” de la guerra de clases, re-empaquetada y reconceptualizada de una manera amigable y atractiva para una audiencia acostumbrada a la propaganda sofisticada de la publicidad moderna, no es nada menos que una transformación radical de la conversación que se tenía hace poco más de un año. De la noche a la mañana, los medios volvieron a examinar la crisis económica, a hablar de la concentración de riquezas en Estados Unidos y a aceptar que la idea del sueño americano estaba moribunda. Estadísticas que ejemplifican estos contrastes se volvieron datos recurrentes utilizados tanto por manifestantes como por la prensa. Por ejemplo, que el salario promedio de un CEO es 350 veces el salario promedio de un trabajador; que el 1% de la población estadounidense controla más riquezas que el 95%; y que por primera vez en la historia, las generaciones jóvenes están proyectadas a tener un estándar de vida más bajo que el de sus padres.

El mensaje traspasó líneas partidistas en Estados Unidos, y ha promovido un mensaje amplio de unidad y autogestión, mucho más allá de Occupy. Para un movimiento descentralizado, sin una lista de demandas, con grupos de trabajo discutiendo todo desde banca alternativa y deuda estudiantil hasta cooperativismo y agricultura urbana, ‘Somos el 99%’ se ha convertido en una sombrilla enorme que nos acoge a todos y nos recuerda, como dice la Declaración de la Ocupación –una proclama de Occupy Wall Street- que “todas nuestras quejas están conectadas”.

Estas frases aparentemente sencillas, repetidas y reapropiadas en distintos contextos alrededor del mundo, se fundamentan en una crítica anti-capitalista y anti-sistémica que señala la necesidad de una reestructuración profunda de nuestra sociedad, sean o no entendidas de esta forma por todos los que las repiten. Más aún, el hecho de que candidatos presidenciales y medios de prensa corporativos las utilicen y hasta intenten cooptarlas es prueba fehaciente de que hemos ocupado el lenguaje y ampliado la conversación.

Occupy y las elecciones

Occupy no sólo ha afectado la actual campaña presidencial, sino que es importante mencionar sus conexiones a la elección pasada. La primera campaña de Obama, a mi entender, tiene mucho que ver con el surgir de Occupy, en particular por su énfasis en el trabajo de base y en el desarrollo de herramientas por Internet que facilitaran la labor voluntaria de los que querían apoyar la campaña. Ese segmento de la población mayormente jóven y sin lealtades partidistas que se movilizó inspirado por las promesas de cambio y seducido por la oratoria de Obama, se vió empoderado por su victoria electoral y en gran parte se ha ido decepcionando desde la primera semana de que asumiera su posición, cuando comenzó a llenar su gabinete con la misma gente que habían causado la crisis económica que seguimos sufriendo.

Occupy ha sabido aprovechar y construir sobre el mensaje y la propaganda de la campaña, convirtiendo el ‘Yes we can’ en ‘Somos el 99%’ y reivindicando una de las citas más populares de la primera campaña de Obama “Nosotros somos los que hemos estado esperando”. Ante el fracaso de su presidencia y el desencanto de muchos con las posibilidades de cambio real a través del sistema electoral en Estados Unidos, surge Occupy, proponiendo que se haga política fuera de la papeleta, rescatando los espacios públicos y entablando un dialogo abierto e inclusivo, apostando por la autogestión y la democracia directa ante el fracaso y la falta de representación real dentro del sistema estatal.

Si es cierto que Obama corre el riesgo de perder la próxima elección en gran parte porque no ha podido volver a inspirar a estos sectores de la población, me atrevo a apostar que muchos de los que votaron por él en el 2008 y no van a repetir este año son personas que además se han acercado de alguna manera a Occupy o cuyo rechazo del proceso electoral está ligado de alguna manera a los temas que ha revivido Occupy dentro de la conversación nacional. Algunos dirán que es irresponsable permitir una victoria de Romney en las próximas elecciones, pero los millones en donaciones de Wall Street que han ido a ambas campañas dejan bastante claro que los intereses de ambos candidatos están comprometidos con los del 1%.

Radicalizar la cotidianidad

Según el reverendo Billy Talen, un activista y performero conocido en Nueva York, el acto más radical y revolucionario de Occupy Wall Street es la convivencia. El haber ocupado una plaza por dos meses y haber creado allí un ensayo del mundo en que quisiéramos vivir, construyendo de manera colectiva nuevas relaciones sociales. Esto implica tratarnos unos a otros como creemos que las personas deben tratarse, establecer una economía de la amistad donde bienes y servicios sean intercambiados de una manera que subvierte el sistema capitalista y comunicarnos a través de una multiplicidad de voces y medios. En el intento y el proceso de emular el mundo que soñamos, resignificamos nuestro tiempo y nuestras habilidades. De aquí surge la creación de comedores, bibliotecas, clínicas y talleres gratuitos, que revalorizan no sólo el consumo sino a los individuos que participan de este sistema, midiendo su utilidad o propósito de una manera distinta.

A fin de cuentas, Occupy, al que igual que movimientos como el 15M en España y otros enfocados en una agenda amplia y no un único objetivo político, funcionan como redes de comunicación y colaboración. Aprovechan un clima político pre-existente, materializan un proceso que ha estado ya cuajándose, y establecen un lugar de encuentro y diálogo a través de la ocupación y de la construcción de una sociedad temporera dentro de ese espacio físico. El efecto multiplicador de estas ocupaciones es que son adaptables a la realidad y la circunstancia de distintas comunidades, en parte porque lo que buscan es rescatar la humanidad de nuestro pensar y accionar político. No tienen que existir en una plaza, a mi pensar ese simplemente fue el primer encuentro y punto de ruptura, el próximo paso es llevarlo a nuestros barrios, escuelas y lugares de trabajo.

IndigNación

La iniciativa particular a la que he dedicado la mayor parte de mi tiempo y esfuerzos en los últimos meses es un colectivo llamado IndigNación que se enfoca en crear contenido en español que conecte lo que ocurre dentro de Occupy con lo que está ocurriendo en distintas partes de América Latina y con temas que afectan a la comunidad latina inmigrante en Estados Unidos. El proyecto surge de la asamblea de OWS en español, un grupo de trabajo que se comenzó a reunir desde octubre del año pasado para crear un espacio donde latinos de todo tipo de trasfondos pudieran encontrarse y ocupar en español. Entre las funciones y proyectos que surgen de estas reuniones se encuentra un subgrupo de solidaridad con Latinoamérica, otro encargado de crear videos en español sobre Occupy, un subgrupo de traductores encargados de subtitular videos ya existentes y una mesa de información en español durante la ocupación de la plaza.

Además, un grupo de los que participábamos en estas reuniones comenzamos a apoyar la traducción del Occupied Wall Street Journal, la primera publicación gratuita de Occupy. Luego de publicar varias ediciones del Occupied Wall Street Journal traducidas al español, comienza una conversación entre los editores del mismo y los participantes de la asamblea en español sobre la necesidad de un periódico que no fuera sólo una traducción sino que realmente hablara desde una perspectiva latinoamericana y sobre los temas que afectan a nuestras comunidades.

IndigNación nace entonces como un proyecto colectivo multimediático interesado en trazar estas conexiones y en abrir la conversación de Occupy más allá de la plaza. Ante las quejas de falta de inclusión o representación de minorías en el movimiento, nos parecía urgente no sólo ampliar los conceptos de latinidad que definían esas quejas, sino acercarnos a las comunidades latinas que no estaban formando parte del proceso.

Para asegurar la efectividad de nuestros esfuerzos, fue importante entender la utilidad y la audiencia de cada medio. Por ejemplo, en Estados Unidos cuando miramos a la comunidad latina, hay unos contrastes significativos en términos del dominio del lenguaje y acceso a la tecnología. Los inmigrantes latinos que utilizan el Internet, por ejemplo, son mayormente bilingües o su idioma dominante es el inglés. Esto implica usualmente que son inmigrantes de segunda o tercera generación, o que son estudiantes o profesionales. Por otro lado, los inmigrantes latinos cuyo idioma dominante es el español tienden a tener un grado menor de aculturación y usualmente tienen muy poco acceso y conocimiento del Internet. Aquí estamos hablando a menudo de inmigrantes indocumentados y con poca facilidad económica que reciben sus noticias a través del publicaciones impresas o la radio.

Inmediatamente concebimos del periódico impreso como uno que debía dirigirse a esta segunda comunidad, pues entendimos que eran principalmente los que estaban quedando fuera de la conversación. Luego del desalojo de la plaza, la información sobre el movimiento estaba siendo diseminada más y más a través de plataformas de Internet, y nos parecía que un material impreso en español debía concentrarse en llegar a las personas que estaban siendo excluidas de estos medios. Además, nos parecía importante hablarle a comunidades que no necesariamente estaban buscando a Occupy o no tenían tiempo entre sus trabajos y obligaciones familiares para estar viniendo a reuniones de grupos de trabajo o asambleas, pero cuyas vidas estaban marcadas y condicionadas en gran parte por estas mismas políticas que protestábamos. El objetivo era abrir un espacio de diálogo y provocar preguntas, trazando conexiones entre Occupy, sus países de origen y sus vidas en Estados Unidos.

Actualmente trabajamos en nuestra segunda edición impresa, y mientras tanto seguimos manteniendo una página de Internet y cuentas en Facebook y Twitter. Las mismas atraen una audiencia variada y nos mantienen vigentes, activos y conectados a los latinos dentro de Occupy, y otros activistas y movimientos en Estados Unidos y Latinoamérica. Concebimos de IndigNación como un foro abierto para facilitar la comunicación entre todas estas comunidades y por tanto los invitamos a que se conecten, compartan, colaboren y se indignen con nosotros.